The war to free science


Las universidades que integran Estados Unidos han hecho de ese país una potencia mundial en investigación y desarrollo tecnológico, sin embargo, el conocimiento que se ha generado a partir de los resultados de las investigaciones siempre se ha quedado reservado para el individuo que tenga el poder adquisitivo y sea capaz de acceder a él. En este sentido, diversas personas y organizaciones han abogado por una democratización del conocimiento, como fundaciones, bibliotecarios y piratas cibernéticos, quienes al mismo tiempo han librado una batalla digital contra las editoriales que publican los estudios de las Universidades. En el siguiente documento titulado “The war to free science”, los reporteros para Vox en el área de ciencias Brian Resnick y Julia Belluz analizan las consecuencias económicas y sociales de sobreproteger el conocimiento avanzado que se produce en las instituciones académicas, así como también las resistencias que se generan a partir de este hecho.
Los autores ponen el ejemplo más reciente de esta situación: los más de 27 mil científicos de la Universidad de California (el sistema UC de Berkeley, Los Ángeles, Davis, entre otros), que producen el 10% de los ensayos académicos publicados en Estados Unidos, este año no han tenido acceso directo a otras publicaciones de investigación a nivel mundial debido a que rechazaron la suscripción a Elsevier que cuesta $11 millones de dólares. Sin duda, las razones de las autoridades académicas por anular su suscripción pueden resultar extrañas, pero han decidido manifestarse públicamente en contra de los precios exorbitantes de Elsevier. El director de la biblioteca de la UC de Berkley, Jeffrey MacKie-Mason (en la foto), declaró que la compañía Elsevier, con la que ha estado negociando por un mejor trato, tiene en su poder el 18% del conocimiento publicado a nivel mundial (3 mil revistas académicas), lo que lo “hace parecer un monopolio”, mientras que genera “billones de dólares”.
Con una analogía, Resnick y Belluz explican cómo funciona la industria académica editorial en Estados Unidos: “imagina que con tus impuestos construirán una carretera en tu vecindario, pero la compañía que lo construye les cobra cuotas a sus empleados en lugar de pagarles un salario a cambio de asegurarse que la vía cumpla con los estándares, mientras que los contribuyentes, si quieren acceder a la vía, tienen que suscribirse anualmente por siete viajes o comprar muy caro un solo viaje”. El problema se agrava, continúan los reporteros, debido a que en Estados Unidos, los académicos no reciben dinero por sus artículos que publican en las revistas académicas (en su lugar, tienen que pagar los académicos por dejar que les publiquen), pero que Elsevier o Springer Nature aprovechan para vender esos bienes respaldados, finalmente, por los contribuyentes. Destacan que en el 2018 Elsevier había ganado $3,200 millones de dólares, y que sus ganancias netas eran del 19%, el doble de las ganancias de Netflix.
Pero la resistencia se ha generado en varios sectores: bibliotecarios y científicos patrocinadores que negocian cuotas de suscripción; científicos en general que han caído en cuenta que las revistas académicas son abusivas y buscan alternativas para hacer que los servicios de revistas electrónicas sean gratuitas; y lo que los autores llaman “cruzados del acceso libre” que “excarcelan artículos de revista para hacer que los editores abran el acceso”. Sin embargo, no siempre ha sido así. Los autores nos cuentan que en la historia de las suscripciones a revistas académicas por correo eran comunes, pero poco lucrativas, mientras que siempre recayó en manos de las Universidades poder gastar dinero para comprarlas. Sin embargo, el precio de las publicaciones electrónicas se ha disparado un +521% desde 1986 a 2014 para la Universidad que busque una suscripción, mientras que el precio para el consumidor se ha elevado en el mismo período de tiempo un +118%. En este contexto Resnick y Belluz nos van relatando cuáles han sido las estrategias de resistencia de las Universidades y otras entidades, las cuales, sin duda, deben librar una batalla contra las grandes corporaciones.
FUENTE: Resnick, Brian & Julia Belluz. “The war to free science”. Vox. 06-10-19.

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