The next recession


En 2017 el mundo disfrutaba de una aceleración económica sincronizada. El comercio global estaba en alza y América estaba en auge; la caída de China a la deflación había sido sofocada e  incluso la zona europea estaba prosperando. Pero en 2018 la historia es muy diferente debido a que recientemente los mercados de valores se desplomaron en todo el mundo.
De acuerdo con la nota titulada “The next recession” publicada en The Economist,  el problema de la economía mundial en 2018 ha sido un impulso desigual. En Estados Unidos, los recortes de impuestos del presidente Donald Trump han ayudado a elevar el crecimiento trimestral anualizado por encima del 4% y el desempleo está en su nivel más bajo desde 1969. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) cree que el crecimiento se desacelerará este año en todas las demás grandes economías avanzadas y los mercados emergentes estarán en problemas.
De acuerdo con la información presentada, los mercados emergentes representan el 59% de la producción mundial (medida por el poder de compra), un 43% más que hace dos décadas, cuando se produjo la crisis financiera asiática. Sus problemas pronto podrían volver a las costas de Estados Unidos, y el resto del mundo también podría estar en peor estado para entonces, si las dificultades presupuestarias de Italia no disminuyen o China sufre una fuerte desaceleración.
En esta situación hay dos noticias, una buena y una mala. La buena es que los sistemas bancarios son más resistentes que hace una década, cuando se produjo la crisis. La posibilidad de una recesión tan severa como la que golpeó entonces es baja. A pesar de que los mercados emergentes están causando pérdidas a los inversionistas, en general, sus economías reales parecen estar aguantando. Por otro lado, la mala es que el mundo está mal preparado para enfrentar incluso una recesión leve. Esto se debe en parte a que el arsenal de políticas aún está agotado de luchar contra la última desaceleración.
La posible solución que se presenta en el artículo es la acción oportuna, ya que esto podría evitar algunos de los peligros. Los bancos centrales podrían tener nuevos objetivos que dificulten oponerse a la acción durante y después de una crisis. Si establecieron un compromiso de antemano para recuperar el terreno perdido cuando los incrementos de la inflación o el crecimiento decepcionan, las expectativas de un auge de recuperación podrían proporcionar un estímulo automático en cualquier recesión. Por último, se hace un llamado a la iniciativa de los políticos, que está claramente ausente, y se advierte que la volatilidad del mercado de actual sugiere que el tiempo podría ser corto, así que “el mundo debería comenzar a prepararse ahora para la próxima recesión, mientras todavía pueda”.
FUENTE: “The next recession”. The Economist. 10-11-18.

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